Vida de ashram

Para los que no sepáis, un ashram, es un espacio dónde se realizan prácticas espirituales, se vive en comunidad, se respetan ciertas normas, horarios, y han sido creados por un maestro vivo o que ya no está en su cuerpo físico. Si este es el caso se siguen manteniendo ciertas actividades aunque cuando el maestro o maestra está en vida, la vida en el ashram es muy activa e intensa.

Vista aérea de Amritapuri (ashram de Amma)


Definir como se vive aquí, o generalizar una definición, es ir demasiado lejos, porque cada experiencia es subjetiva y depende mucho del tiempo que llevas aquí, de tu nivel de entrega, de tu capacidad de adaptación y de varios factores, que hay que tener en cuenta y que en mayor o menor medida te pueden hacer la estancia agradable o no.


Casi la mayoría de los que venimos, solemos comentar casi por unanimidad que la primera vez que damos con nuestro cuerpo aquí junto con nuestra carga emocional y mental, vivimos una experiencia bastante dichosa, se dice que Amma, en mi caso estoy en su ashram, cuida de ti, porque acabas de llegar. Pero también solemos convenir que si hay más veces, estas irán cambiando y este espacio sagrado, puede parecer un cielo o un infierno, o ambos a la vez, casi igual que nuestra vida en el mundo de ahí fuera.


Así que voy a hablar de mi experiencia. Llevo viniendo aquí varias veces, y el tiempo siempre ha sido largo, no menos de un mes completo así que he tenido tiempo de empaparme de esta vida, que es harto diferente a la que estamos acostumbrados pero que no puede ser idealizada. Lo que si puedo deciros es que la enseñanza es mucho más rápida e intensa, porque para eso vengo o venimos la mayoría, para evolucionar y crecer en nuestro camino.


Aquello que aprendí desde la primera vez, es a no juzgar o intentar no hacerlo. Atrás quedó esa primera vez que vinimos mi hermana y yo, y juzgábamos todo. Lo mínimo que pensamos era que habíamos caído en una secta, pero fue gracias a la Gracia divina o la de Amma, que decidimos dejar de hacerlo a la misma vez y sin decirnos nada. En aquel momento empezamos de verdad a disfrutar y a dejar que el corazón se abriera. Porque de eso se trata de acercarse a este lugar con el corazón y la mente abiertos, mucho.

Mi hermana Sally y yo, cuando nos íbamos de Amritapuri, diciembre 2010


No hacerlo te puede llevar a perderte en tus propios miedos, en tu propio mundo personal, sin romper con las limitaciones impuestas por un mundo que nos va quitando el derecho de libertad, paz y felicidad, inherente en todo ser vivo.


Pero ¿cómo es mi día a día aquí? Por las mañanas me levanto temprano para hacer mis prácticas espirituales, en mi caso recitación de los 108 nombres sagrados, en sánscrito, meditación y yoga. Aunque esto último lo tengo que hacer al mediodía porque comparto habitación, y mi compañera de piso, se levanta más tarde y no es plan de despertarla. Después viene, para aquellos que me conocen, la mejor parte del día, sí soy humana, que le vamos a hacer, el desayuno. Y aquí en particular en el ashram de Amma se cuida todo al detalle, todas las opciones e intolerancias alimenticias están cubiertas y las comidas son un regalo para el gusto, además que son bastante baratas o por lo menos para nuestros bolsillos occidentales. Para que os hagáis una idea, el desayuno, me cuesta poco más de 1 euro, al día me gastaré en comer, tres comidas al día, menos de 3 o 4 euros, sin contar que hay menús gratis de comida india, y una cantina india también, donde puedes cenar una dosa (plato típico del sur de India) por unos 50 céntimos.
Bueno continuemos con el día, luego tenemos esa parte de la vida en ashram que la hace peculiar, es el seva, o trabajo desinteresado. Este ashram, como casi todos funcionan de manera voluntaria, así que se te pide, nunca se obliga a que des dos horas de tu día al seva. En mi caso es sirviendo las cenas y haciendo traducciones. Siempre puedes hacer más horas y hay sevas para todos los tipos de energías y disposiciones. Que nada te limite.


Pero ¿cuál es el fin del servicio voluntario? Dentro de la filosofía hindú, existe un término que ya se ha hecho universal y es karma. Esa ley de causa y efecto que pone en orden y en equilibrio todas nuestras acciones físicas, mentales y emocionales. Como también se cree en las reencarnaciones, llevamos unas miles o millones de vidas a nuestras espaldas, lo que hace que ese residuo de karma vaya aumentando cada vez que encarnamos, por eso el trabajo desinteresado, o voluntario, tiene la facultad de limpiar ese karma residual, a la vez que va trabajando a un nivel mental, que quizás no somos conscientes. Dentro del hinduismo, la mente tiene un papel muy importante, si la mente está alterada o llena de pensamientos no nos será posible ver con claridad nuestra realidad, nos mantendrá en el sueño de la ignorancia, así que una mente tranquila, serena, permite una mayor comprensión de aquello que se llama en el vedanta, tu auténtica naturaleza. Y el seva o karma yoga, yoga de la acción, te permite serenar esa mente y hacerla más disponible para la meditación o para realizaciones más profundas, quizás tocar ese estado de dicha, paz y libertad, inherente en todos pero que hemos logrado velar por nuestras ideas, creencias, miedos y demás programas propios o impuestos.
Así que parte del día se va en el seva, otra parte en comer, otra en las prácticas espirituales. Dentro de estas últimas, aquí en particular tenemos 3 o 4 horas de programa todos los días, que incluyen meditación, satsang (charla espiritual) y bhajans (cantos devocionales). Sinceramente a mi me resulta bastante largo, desde la pandemia se ha impuesto este horario, antes eran 3 o 4 días de programa a la semana y más corto, pero las cosas aquí en el ashram están continuamente cambiando, así que ahora o desde hace unos 3 para 4 años, son asi. De momento.
Luego de los bhajans, vienen los abrazos. Hablamos ya de las 8 y media, casi 9 de la noche, la mayoría se va a cenar y otros tantos a ser abrazados por Amma. Haré otro post explicando esto del abrazo.


Los abrazos pueden alargarse hasta las 2 o 3 de la mañana, luego a la cama y mañana a volver a empezar.
Puede parecer una vida rutinaria, pero no es así. Esta llena de momentos muy especiales que oscilan desde lo más trascendental, hasta lo más ordinario. Desde lo sublime a lo miserable. Lo que voy constatando y con cierto asombro, es que no por mucho tiempo que pases cerca de un maestro realizado, vas a ser un santo o santa, para nada. La santidad ha de ser ganada de otra manera, con más conciencia, respeto, cariño y humildad. O yo lo creo así.
En fin, que este sitio no es perfecto y se pasa por momentos difíciles. Yo sin ir más lejos he estado mala estos días pasados y aún hoy sigo algo floja. Quizás un virus o quizás algo que sanar a otro nivel, no lo sé. Esto te hace sentirte más vulnerable y echar de menos a tu gente. Aunque aquí hay una red maravillosa de seres, que te nutre y te apoya, la familia de Amma la llamo yo.


En general estoy bastante contenta, me he hecho a la vida de ashram bastante rápido, pero veo con total desapego una vez más, que no podría vivir aquí de continuo. Es curioso, que durante muchos años deseé con locura vivir aquí, y nunca pude por temas varios que son largo de contar y desde la vez pasada, que dispongo del tiempo y dinero para hacerlo, he visto que no quiero hacerlo. Voy madurando y comprendiendo mi naturaleza, aquella que por motivaciones y deseos ajenos, desconocía y que a día de hoy voy descubriendo. Voy encontrando satisfacción en el mundo ahí fuera, no hay más contradicciones en donde debo estar o ir, algo se va relajando en mi. Voy encontrando más paz en mi propio camino. Y si antes pensaba que el mundo era hostil y que la vida de ashram era la mejor, ahora voy haciendo mi vida de ashram donde quiera que vaya, y voy encontrando el mundo no ya hostil, sino con las mismas posibilidades de amor, respeto y cooperación que encuentro aquí.


Sí siento que pasar una temporada por corta que sea en un lugar como este, puede ayudarte mucho en tu camino espiritual, te puede abrir a una dimensión diferente de vida que no habías contemplado y te puede llevar a sumergirte en una profundidad tuya, que hasta ese momento quizás desconocías. Así que si tienes la oportunidad de hacerlo, no te lo pienses dos veces y vente para acá. Te sorprenderá, cuanto menos, para bien, siempre.

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