Hoy marcho de Amritapuri, este espacio luminoso que considero mi hogar. Aqui viven mis hermanos y hermanas, con los que me reencuentro cada cierto tiempo, a algunxs posiblemente no los vuelva a ver más, a otrxs los veo cada vez que vengo y el cariño sigue siendo el mismo o más profundo quizás.
En este hogar vive mi maestra, mi Madre, tengo la enorme suerte de tener dos madres, la biológica, que amo enormemente y la espiritual, que me ha guiado y acompañado a lo largo de mis innumerables encarnaciones, con el firme propósito de que despierte completamente del sueño de la ignorancia y me viva desde el conocimiento de la Unidad. A Ella también la amo enormemente.
La vida en el ashram, no es una vida sencilla, es sencilla por sus rutinas, y horarios que todos debemos cumplir, no están impuestos sino sugeridos. Y es difícil porque es un espacio dónde venimos a trabajar con toda esa sombra, que también nos conforma y poder iluminarla, sanarla, trascenderla. La suerte de tener a un ser como Amma cerca, es que esa transmutación es menos dolorosa. Aunque es inevitable padecer durante el proceso de cierta incomodidad, de escozor. Cada uno de los que aquí vivimos como de todos los seres del universo tenemos áreas en las que trabajar, a algunos determinadas áreas nos son más fáciles, no nos crean conflicto pero todos sabemos esos botones que nos hacen saltar cuando nos los aprietan.
Y no solo es Amma la que trabaja contigo sino que la convivencia de los que aquí vivimos va sanando y limando las aristas emocionales, y evolutivas que traemos de serie para dejar una suavidad que nos permite fluir mejor por la impetuosa corriente de la vida.
Hace diez días que llegué de un viaje corto por el sur de India, tenía la intención de recorrer otros lugares nuevos para posibles viajes, pero al llegar a Tiruvannamalai, la energía de ese lugar, especialmente el poder de la montaña, me atrapó. Me quedé allí solo 6 días, los 3 últimos con molestias en el estómago, que estaba convencida eran por la energía tan fuerte que hay en este lugar y que mi cuerpo casi siempre que esta allí, suele adolecer.

Este es otro lugar de India poderoso, sugerente y atractivo para los que buscamos respuestas profundas de la Vida. Aquí vivió el santo y sabio Ramana Maharshi, su ashram aún tiene esa paz casi palpable de su Presencia, a pesar de haber dejado el cuerpo hace muchos años. Es un lugar acogedor dentro del caos de las calles indias, un oasis en medio del apasionamiento indio.
Pero a mí casi siempre me afecta de una manera física, esta vez dolores de estómago y ojos que me lloraban toda la noche, sin motivo ninguno…. En fin, nada nuevo, curiosamente fue decidirme a venir a Amritapuri de regreso, y las molestias desaparecieron. Ni el viaje de regreso en tren indio, pudo conmigo, a pesar de estar temerosa, pensando que al encontrarme algo débil por las molestias pasadas iba a afectarme aún más, todo lo contrario, al llegar aquí a Amritapuri (el ashram de Amma) me sentí llena de energía y acogida por la presencia poderosa de Amma, que es considerada la encarnación de la. Madre Divina.

Ayer fue noche de Shivaratri, lo viví el día de ayer como una despedida porque hoy marcho a Nepal. El día de ayer desde por la mañana estuvo cargado de enseñanza, la energía de fuego de Shiva, es imposible no sentirla, me regaló rabia y llanto por la mañana, pero entendimiento y liberación también. Esa mañana me dejó preparada para recibir el resto del día con otro espíritu, abierta y en paz con lo que fuera ofreciendo la vida. Tuve darshan, el último abrazo con Amma, disfrute de los bhajans (cantos devocionales), de buenas charlas y abrazos con los hermanos y hermanas. De regalo final: Amma, bailo para nosotros al final de la noche. No soy capaz de explicar lo que significa para mi verla bailar, es una mezcla de admiración, porque lleva horas sentada, adolorida (tiene 70 años), dando abrazos, cantando, hablando; respeto, porque es mi maestra; devoción, ese término que en occidente nos cuesta entender.

Algo en mi quiere atesorar ese momento, como un tesoro precioso, un sentimiento de agradecimiento nace en mi con fuerza y el amor se hace como siempre muy presente. Lo llena todo, quizás ese es el regalo continuo de Amma, quizás ese es su mensaje sencillo y compartido por otro seres despiertos de otras épocas, amarnos los unos a lo otros, y amarnos a nosotros mismos.
En unas horas marcho a Nepal, la aventura continua, voy a hacer un retiro en un monasterio budista, perderme por Katmandú y esperar al grupo de españoles para recorrer esa geografía sagrada que es Nepal.


De momento sigo aquí en mi habitación del ashram, con el ventilador puesto porque el verano ya deja notar su presencia, pero hoy hay un calor diferente, uno que nace del corazón, un calor que no abruma sino que suaviza, endulza y calma, un calor que se siente como una vibracion de amor, que no solo llena de su energía este cuerpo también permite sentirlo en todo aquello que lo rodea.
Que tengáis un buen día, y que ese calor llene vuestras vidas.
Om Namah Shivaya