Nepal

Tras un vuelo con una espera de diez horas en Doha, y el agotamiento que eso y las horas de vuelo llevan en sí, llegaba contenta de ver a la familia, a ese pequeño círculo de almas que me acompañan en el viaje de vida. Así terminaba la experiencia de Nepal y al poco empezaba otro viaje, el de la enfermedad, que me ha tenido poco más de diez días, ocupada y relajada. ¿Cómo así? La enfermedad requiere de nuestro voluntad de ponernos bien, es un complejo dónde cada pieza va aportando para nuestra recuperación: la alimentación, el descanso, las horas de sueño, los medicamentos naturales y alopáticos. Es aprovechar el tiempo, por lo menos así lo veo, para poder reflexionar y sacar cosas en claro. Y descansar. Pero bueno este post iba de Nepal no de la enfermedad…

Después de haber estado casi dos meses en Amritapuri, en el ashram de mi maestra Amma. Llegué a Katmandú con la ilusión de hacer un retiro en el monasterio de Kopan. Kopan y el lama que lo fundó, Lama Zopa, tienen un significado muy especial para mí. El protagonista de mi novela ‘y el Amor era el Camino’ tenía por maestro al Lama Zopa. Tuve la suerte de conocerlo gracias a una amiga con la que hice un viaje por India hace unos años, y que es practicante budista, leer sobre este lama, la increíble labor que hace por la liberación de tantos miles de animales, la encomiable labor de preservar el budismo mahayana y hacerlo cercano a nuestras mentes occidentales, me atrajo muchísimo y tuve ganas de conocerlo en persona. Salvo que Lama Zopa, dejó su cuerpo físico el año pasado, pero no su espíritu que aún sigue y muy presente en Kopan y en el corazón de todos aquellos que tienen presente su memoria.

Kopan esta apartado de Katmandú, y cercano a la vez, en coche son 5 minutos pero al estar en lo alto, se evita el ruido, la polución, se respira algo mejor, y se siente un silencio durante el día y toda la noche. El retiro fue todo un acierto, hablamos sobre la Compasión, y como desarrollarla. Curiosamente mientras más pasaban los días, más iba yo sintiendo la presencia de mi maestra muy cercana. Era como si el culmen de la compasión explicado en las charlas, se correspondía con la manera que tiene Amma de conducirse en esta encarnación. Una maravilla. Conocer a la gente que compartimos tiempo, espacio, silencio, comidas, meditaciones y charlas fue otro acierto, no deja de sorprenderme, las vidas tan maravillosas de los diferentes seres que me voy encontrando por el camino, cada vida es una manifestación única de aquella Unidad que somos. Un milagro.

Retiro ‘Desarrollar el Corazón Compasivo

Después del retiro me fui de Kopan y estuve alojada en la zona de Boudanath, muy cerca de la Estupa de Boudha. Este lugar es un oasis dentro de Katmandú. Katmandú esta considerada la tercera ciudad más contaminada del planeta, y claro después de haber estado en los ambiente puros de Amritapuri y Kopan, no iba a dejarme ‘contaminar’ por el caos de Katmandú, así que opté por Boudha. Ya lo conocía del viaje del año pasado, en esta zona nos alojamos, y me la conocía bastante bien. Tenía que esperar al grupo que  venía de España a recorrer durante 12 días, lo que pudiésemos de la geografía de este bello país. 

Antes de que llegasen, estuve asistiendo a las charlas de un Rimpoche, que nos habló de una manera muy cercana sobre la vacuidad, y me fui de excursión a Namo Buddha, un remanso a 2 horas de coche de Katmandú, muy en lo alto de una colina. Es un monasterio fundado por Thrangu Rimpoche, y un lugar de una energía especial, donde meditar y tocar el silencio interior se hacía muy fácil. Durante este tiempo antes de que el grupo llegase, estuve acompañada de algunas amigas que conocí en el retiro, la vida nos volvió a juntar, y quedamos para comer, cenar o hacer alguna excursión. Rani, la mujer india, que me dio su teléfono para que la próxima vez que pase por Delhi no olvidé quedar con ella. Natalie esa mujer israelí que tenía un proyecto de entrevistar a mujeres, de diferentes edades y procedencias, con el fin de conocer sus sabias respuestas, Funda y Filipa, la primera turca y la segunda portuguesa, a ambas las conocí en Kopan el mismo día que llegué y la vida nos volvió a juntar en Boudha, con ellas compartí más de una risa y más de una kora (vuelta alrededor de la estupa, o sitios sagrados) alrededor de la Estupa de Boudha.

La Estupa de Boudha, es para mi el lugar más mágico de Nepal, no me lo conozco todo, posiblemente haya lugares más mágicos o más especiales, quizás la visión cercana del Everest te deje sin aliento, cada uno tendrá el suyo. Para mí es Boudha Stupa, todos los días y más de una vez solía acercarme, me alojaba bastante cerca, así que mis pasos siempre me llevaban allí, me perdía en la visión de su enormidad y de las decenas de personas que van andando alrededor de ella. Alrededor de la estupa se han levantado infinidad de cafés, restaurantes, y tiendas, es una mescolanza de vida, que la hace única.

La Estupa de Boudha

El día antes de que llegase el grupo de España, después de cenar, al poco de pagar y al bajar los escalones (unos 4) me tropecé, y para evitar una caída más fuerte de la que fue, apoyé la rodilla derecha, y el hombro izquierdo, acabando boca arriba. Lo curioso es que no opuse resistencia en el momento de caerme, me levanté y me quedé sintiendo el dolor, como aprendí del Dr. Hawkins, y una vez que sentí el dolor con toda su intensidad, lo invité a irse. Creo que esta manera de acoger los golpes, me sirvió y me ha servido en otras ocasiones a minimizar las consecuencias. No puedo negar que me sentí preocupada porque al día siguiente venía el grupo, y dentro de las actividades estaban hacer yoga por las mañanas, hacer rutas, andar (muchos sitios especiales están en lo alto de muchas escaleras). La rodilla dolía al doblarse, me parece que iba a tener que sacrificar el yoga (aún no he podido hacerlo, porque una vez aquí con el dolor de cabeza me ha sido imposible, aunque hoy que me encuentro ya bastante mejor, voy viendo que quizás en un día o dos pueda ponerme a ello otra vez, el cuerpo lo echa mucho de menos) y gracias a que este grupo, que en realidad es una familia completa de cinco, y son bastante compasivos, entendieron desde el principio mis limitaciones. 

Los días se fueron sucediendo, y se fueron llenando de actividades, donde intentaba participar en casi todas las que mis posibilidades me lo permitían, en otras, eran ellos que iban por libre. No sabéis cuanto se lo agradezco, me permitieron sentirme menos apenada por mí misma. Es curioso ver las diferentes energías de los grupos, como van variando, influye todo, no solo las edades, sino también las propias naturalezas únicas de cada uno de los miembros, que al unirse conforman una energía de grupo diferente y única a la vez. Con la familia Göebel, fue muy fácil, ellos estaban encantados con todo, tenían muchas ganas de descubrir Nepal y de aprovechar su tiempo al máximo. Es cierto que algunos se pusieron enfermos, con catarros, diarrea y posibles insolaciones, pero sorprendentemente nada de esto mermo sus ganas de aventura. Son admirables, no solo por esto, en el tiempo que convivimos, se fueron mostrando abiertamente, fueron compartiéndose sin reparos, pudiendo entrever sus vidas de familia, y confirmar que en el núcleo de una familia sana, tiene que haber unos padres que han educado así, sanamente y sabiamente, con cariño, amor y humor.

Me he reído muchísimo oyendo a los hijos hablar sobre sus vidas en la universidad o en el instituto. Con esa energía única de la juventud, aportaban frescura a las comidas y hacían de mis viajes en taxi con ellos detrás, una alegría continua. Echo de menos, esas charlas en alemán, inglés y castellano, perfectos y entremezclados a lo largo de sus infinitas conversaciones. Como muestra, comentar, que al día siguiente de ellos llegar, fuimos a una charla de el monje Kalden, este monje de Brasil fue el que nos enseñó las meditaciones en el retiro, la charla nos encantó y Kalden así como la gente que asistió estaban encantados con la familia Göebel, las preguntas que hicieron los hijos se sintieron auténticas, frescas por su corta edad pero con esa sabiduría única que late en todos nosotros, sólo que ellos no tenían pudor en mostrarla. A lo largo del viaje recordarían este encuentro, y las enseñanzas que Kalden compartió aquel día con nosotros, salieron a relucir en más de una charla durante las comidas.

Encuentro con Kalden

A mi en particular me traía recuerdos de mi propia vida familiar. He crecido en una familia, donde somos una piña, un pequeño clan, que quizás al tener que emigrar lejos de nuestro país de origen, creció muy unido. Oír a los hijos reírse, de sus charlas infinitas, me traía ecos de mis propias risas y charlas con mis hermanas. Recuerdos, de nuestras comidas y eternas sobremesas, de los viajes que hicimos juntos, y de lo bien que nos lo pasamos como familia. Por supuesto que no todo es color de rosa, pero aquellas aristas existenciales de la mesa familiar se han ido limando con el tiempo, con el amor y con la enseñanza de que más allá de nuestros roles como padres e hijos, somos seres encarnados, con la misma misión: ser felices, amar, ser amados y aprender.

Gracias familia Göebel, por dejarme guiaros, aunque no os hacia falta guía ninguna, y a sentirme una más de vuestra bella familia. 

Pero todo acaba porque empieza, y el día llegó en que nos separamos. Después de un viaje intenso, de muchas horas, por las carreteras horribles de un país que es hermoso en casi su totalidad, nos dijimos adiós. El día anterior tuvimos tiempo de recordar con alegría lo que se había hecho durante el viaje, gracias Marisa, y cenar todos juntos. La mañana de nuestra marcha de Bandipur, el hermoso pueblo a medio camino entre Pokhara y Katmandú, nos despertó con dos del grupo que estaban mal de la tripa. Así que el viaje prometía ser intenso. Pero gracias a que los Budas nos protegían no fue tan terrible como pensamos. Al llegar a Katmandú, ellos continuaron viaje porque habían decidido quedarse más días, y yo acabada mi labor de guía me quedé un par de días más en la zona de Boudha. Disfrutado una vez más de mi soledad y de la energía de ese lugar. Aproveché en ir a Kopan, a despedirme del lama Zopa, de ese mágico lugar y a comprar regalitos para traer a casa. Al día siguiente marchaba a España, dudé si continuar de nuevo a Amritapuri, pero honestamente el calor intenso que ya se vivía en Kerala, me hizo desistir, así como las pocas ganas de hacer y deshacer maletas una vez más.

Y con la gracia de Amma, y de los magníficos seres que fueron poblando mis días vividos por estas tierras, marché, y como dije al principio, la enfermedad me esperaba junto a mi familia para darme su especial bienvenida. Gracias a ella, he sacado unas cuantas cosas en claro, y que ya las tenía presentes, pero se han hecho más presentes aún si cabe: llevar una vida sencilla, ser feliz, y servir a los demás. Y reírme, no hay mejor medicina que la risa. 

Gracias a los que os habéis tomado el tiempo de leerme, que seáis felices, que riais mucho, y que améis mucho mas. Nos vemos por aquí….. viajando al corazón.

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