
Neti Sotelo
Toda vida es un viaje de autodescubrimiento y evolución, el mío es uno más que tuvo la enorme suerte de contar con el apoyo de una familia que siempre ha nutrido mis deseos de conocimiento y esa tendencia desde muy pequeña por el espíritu.
Respondo al nombre de Neti y a una edad muy joven y por un cuadro agudo de ansiedad que me llevó al hospital de urgencias descubrí la meditación, animada por una amiga, que me dio unas pautas sencillas de cómo practicar y con el firme propósito de hacerlo todos los días. Aquella vez hace dieciocho años me enamoré de una práctica tan poderosa, íntima y asequible, que no he dejado de realizarla ni un solo día y que me ha llevado a estudiarla en profundidad, a hacer retiros, aprender diferentes técnicas, a practicarla durante horas a lo largo de periodos largos de mi vida, a seguir asomándome a ese potencial infinito y al alcance de todos nosotros. Su poder de serenar la mente es increíble. La meditación es oro.
Desde pequeña sentí un afecto sincero por Dios, y un deseo real de conocer la verdad. Conocer al Buda, a la par que conocía la meditación me abrió al deseo también de liberación, y pensé que esa parte mía de no encajar, de sentirme a disgusto en la sociedad en la que vivía, en mi propia humanidad, se solucionaría por si sola a medida que fuera transitando por el camino espiritual. Pero no fue así.
Pronto la vida me llevó a India, país que recorrí junto a mi hermana Sally por primera vez y del que también me enamoré y que he recorrido muchas veces. Antes de marchar a India, descubrí el yoga y el advaita vedanta. El primero me hizo ser consciente de la relación estrecha entre cuerpo, mente y espíritu y el segundo me dio las bases y el lenguaje de una verdad que yo desconocía, y que no sabía que estaba mucho más cerca de lo que yo creía.

En India conocí a mi maestra Amma, la santa de los abrazos, que abrió mi corazón a la par que iba puliendo las tendencias de tantas vidas, y empezó un camino que fue llenándose de maestros y maestras, vivos o ya desencarnados. Sus enseñanzas aportaron claridad, lucidez, riqueza a todos los niveles. Y gracias a una peregrinación a Santiago, se despertó en mí un deseo de escribir, que acabó en la publicación de un libro, y en otros que sigo escribiendo.
Pero a pesar de muchos años de explorar la infinitud del espíritu, esa parte mía que no se sentía a gusto con su humanidad, pedía ser reconocida y sanada. Gracias a este último viaje a India, llevando y guiando a un grupo de españoles en un viaje espiritual por el norte de India y Nepal, de pasar tiempo una vez más en el ashram de Amma, he sentido que aquello ha sido resuelto. La dimensión espiritual ha de abarcar todos los aspectos de nuestra vida, no se puede dejar nada sin desatender, la luz de la Verdad no deja rincones sin iluminar.
Así que un anhelo real de servir, de compartirse ha ido creciendo a la vez que crecía un amor por esa parte tan humana en mí que había sido desatendida. Y a día de hoy siento que voy andando con un pie en mi identidad y otro en la divinidad, andando de una manera más integra y con ganas de acompañar en su proceso de crecimiento, en su camino particular a los seres que vaya encontrando en mi camino.
Sally Sotelo
Desde siempre he sentido un anhelo por conocer quién soy de verdad, podría decir que estoy en un continuo camino hacia mi propio Ser, no solo he encontrado ayuda para ello en la meditación, práctica que llevo realizando desde hace 15 años, también el viajar me ha ayudado muchísimo, no solo ha ampliado mi perspectiva a un nivel mental y físico, también, el corazón se ha abierto como resultado de esos viajes con un anhelo de autodescubrimiento y realización. Los viajes nos permiten salir de nuestra zona de confort para descubrir todo de lo que somos capaces.
Descubrí India por primera vez en el año 2010, salimos de España un 12 de Octubre y nos quedamos en ese bello país unos 5 meses. Lo recorrimos de norte a sur, y ambas, mi hermana y yo, no sólo nos enamoramos de una cultura que nos pareció auténtica, sino que también pudimos sentir una espiritualidad que estaba a flor de piel y que fue calando en nuestro interior. De aquel primer viaje y de los sucesivos, unas 6 veces en total, descubrí la profesión a la que me dedico, inspirada por Amma, conocida como la santa de los abrazos, al poco de finalizar un viaje que nos llevo a recorrer Europa, desde Madrid a Estambul haciendo autostop y volar desde Turquía a India, me puse a estudiar auxiliar de enfermería, y acabé trabajando en el Hospital de La Paz en Madrid, trabajo que sigo desempeñando en la actualidad.


Con nuestros padres
Y sigo embarcada en mi propia evolución, ampliando mis conocimientos en el reiki, las constelaciones sistémicas y un amor que crece a medida que el tiempo avanza por nuestra Madre Tierra y todos los seres que en ella habitan.